MITO DE LA PAMPA DE LA CULEBRA

Se dice que una culebra gigante venía del marañón comiendo a todo lo que se le cruzaba. Y mientras más comía más crecía. Devoraba animales plantas y personas. A su paso dejaba destrucción.

Las personas corrían por los cerros asustados y lanzando alaridos, pero era imposible detenerlo, en algunos pueblos de Celendín los hombres se organizaron para matarlo. Prepararon lanzas y le tiraban pero rebotaba, su piel era tan dura que las lanzas no penetraban. Otros hacían fogatas para quemarlo, pero la culebra que cada vez estaba más grande lanzaba soplidos que parecían huracanes y dirigía el fuego a las casas de la gente y los quemaba.

Luego de una semana la gigante culebra ya penetraba en territorios de Bambamarca, por las zonas de Paragurán y Shauac se escuchaban los lamentos de la gente que perdían sus vacas, caballos, ovejas; se desplomaban sus casas; desaparecían sus sembríos. Bastaba que aspire para que los animales volaran directo a su boca y desaparezcan en sus fauces.

La gente clamaba piedad, se arrodillaban en los caminos, en los cerros. Pedían a Dios protección. De pronto el cielo se oscureció y empezó a llover, la culebra ya bajaba de Chachacoma y no se saciaba devoró todo lo que pudo en Chala Alán y se dirigía a Lacamaca.

De pronto apareció el Dios Catequil. Truenos y rayos se aproximaban y cuando la culebra se disponía a cruzar el Río Llaucano, luego de tomar bastante agua, un rayo le partió el cuello y separó la cabeza del cuerpo y murió.

Esto sucedió hace miles de años; pero hasta ahora se puede distinguir a la gigante culebra, su cuerpo se ha vuelto tierra y sobre ella la gente ha sembrado árboles, otros han construidos sus casas y sus chacras.