LA LEYENDA DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES


“Cuentan en que ante los deseos de los cajamarquinos de tener una imagen de la Madre de Dios ante la cual exteriorizar su profunda devoción y en respuesta a tantos pedidos y súplicas, cierto día arribaron a la ciudad dos ángeles, que bajo la apariencia de jóvenes peregrinos pidieron hospedaje en el Convento franciscano. Conversando con sus anfitriones dieron a conocer que eran escultores de profesión, noticia que se esparció y llenó de alboroto al pueblo entero, contratándolos de inmediato para que tallaran la anhelada imagen.

Los extraños viajeros aceptaron bajo la condición de que se les cediera el uso de una habitación privada donde pudieran trabajar tranquilamente durante tres días, rehusándose aún a que se les proporcionara alimento y bebida.

Transcurrido el plazo señalado acicateados por al curiosidad y sorprendidos por el silencio que reinaba en el recinto, convertido-sin saberlo ellos- en taller angélico, frailes y feligreses decidieron averiguar qué sucedía y abrieron la puerta.

Al entrar, una emoción gratísima y celestial embargó sus almas al encontrar en el centro del aposento, radiante de sobrenatural belleza, a la incomparable y dulce imagen de la Virgen de los Dolores. Los artífices habían desaparecido, pero no faltó un madrugador vecino que aseguró haberlos visto desde la Plaza de Armas convertidos en “dos blanquísimas palomas de grácil silueta, y perderse en el cielo azul, dejando tras de sí una refulgente estela”

La imagen se halla en la hermosa Capilla de Los Dolores edificada al costado de la Iglesia de San Francisco, data de 1722 en que se dio inicio a la construcción, la imagen de la Dolorosa se ubica en el retablo del altar mayor, al centro y en sitial de honor.