EL BOCADO DE LA AMANTE (LUIS IBERICO MASS - CAJAMARCA)

Después de separarse de su querida, se retiró a vivir con sus dos hijos y una hija, llevando una vida más o menos feliz, dedicado a su trabajo que le producía lo necesario para soste­ner modestamente los gastos del hogar, sin mucho lujo pero con gran decoro. Llegó el día del cumpleaños del señor, que siempre lo pasaba muy alegre en unión de sus familiares y amigos que desde la víspera llegaban a la casa para darle la sorpresa.
En esta oportunidad, el día del cumpleaños la antigua amante del señor, queriéndose vengar por el abandono que de ella había hecho, le envió una gallina con el bocado, es decir con la “cochinada” que le habría de producir un daño incu­rable a él y a sus familiares que se sirvieran de la gallina. Lle­gó el “propio” (encargado de entregar la gallina) y preguntó por el dueño del santo, al mayor de los hijos que salió a recibirle, éste inquirió por el nombre de la señora que enviaba la gallina, mas el propio se concretó a decirle que le había en­tregado una señora pero que no sabía de su nombre.
El joven recibió la gallina y sin avisar a nadie se sirvió un trozo de la vianda y el resto lo guardó, olvidándose hasta el día siguiente que dio parte a su padre y a sus hermanos, los mismos que le reprendieron por haber comido un potaje que no sabía quién lo había enviado, mas él alegó que le despertó el apetito porque estaba muy bien hecha y que por eso lo comió. Así pasaron los días, se olvidaron de tal acontecimien­to y la vida entró a la rutina cotidiana. Pero un día el joven amaneció enfermo, se sintió mal y día a día, no obstante la atención de los médicos, el joven se iba enflaqueciendo hasta que llegó el momento en que ya no pudo levantarse de la ca­ma.
Cuando ya se acercaba el día de su muerte, los familiares que estaban sentados junto al lecho del enfermo, oyeron en el techo de la casa un fuerte aleteo de aves gigantescas y como si estuvieran peleando. Los circunstantes llenos de pavor no atinaron a salir a ver lo que producía tan espantoso ruido y más bien cerraron la puerta, temiendo que sucediera algún acontecimiento raro. Cuando en algo recuperaron la sereni­dad se dieron cuenta que ya su hermano había muerto, sin que pronunciara ningún quejido.
 La historia pertenece al libro de
 EL FOLKLORE MAGICO DE CAJAMARCA de LIUS IBERICO MÁS